LEYENDA DE LA PUERTA ENCANTADA DE CONCHAGUA

Como en cada pueblo existen siempre leyendas que contaban nuestros abuelitos y en Conchagua no ha sido la excepción este día les contare un poco sobre una de muchas leyendas de nuestro pueblo.

Cuentan los lugareños de Conchagua que desde hace muchos años existen en el interior del Volcán (que lleva el mismo nombre) un palacio encantado cuya puerta de entrada la pueden ver todos los que pasan por el costado sur del volcán, en frente de las aguas costeras del Golfo de Fonseca. Pero solamente pueden entrar los que saben el dialecto (lenguas) antiguo de los Conchaguas.

Cierto día don Juan Méndez , cazador originario de Conchagua, decidió ir a cazar venados a la zona boscosa de Gualpirque con su amigo y compañero Don Pedro Eugenio Ponce. Alistaron su escopeta de taco, afilaron sus respectivas dagas de cruz, prepararon la lámpara de carburo que Don Juan había heredado de su abuelo, echaron una docena de chancaca, una docena de tamales pisques, una bolsa de totopostes, dos atados de dulce, una caja de fósforos y otros utensilios necesarios para la aventura, y los colocaron en sus respectivas alforjas. Una mañana de lunes de pascua partieron hacia el lugar elegido con la esperanza de traer suficiente carne de venado para compartirla con todos sus familiares y vecinos, tal era su costumbre.  Al cabo de dos días de arriada sin haber hallado ninguna presa debido a que los venados se les escaparon en varias ocasiones por no andar cartuchos bendecidos, ya al atardecer, se sentaron al pie de un gigantesco árbol de ojuste a tomar sus alimentos y descansar un poco. Lamentaban su mala suerte por no haber logrado sus objetivos, Don Juan se sentía decepcionado y fatigado. Sin embargo, como todo buen cazador albergaba la esperanza de cazar algún venado, o al menos un par de tepezcuintle o algún Cusuco.

Foto de Cuevas en las orillas del Volcán de Conchagua, Cortesía de ConchaguaElSalvador.

Observando la furia de las olas del mar que golpeaban las rocas, cuya espuma blanca iluminaba la inmensa zona costera todavía visible en la penumbra, encendió su puro con la certeza de no regresar a casa con las manos vacías. Era su definitiva y última noche de cacería. De repente sintió una brisa escalofriante, que llevaba consigo un rugir de hojas secas a pocos metros de su espalda; pensando que era un cusuco volvió la vista rápidamente al pie del volcán más fue enorme la sorpresa de contemplar la puerta (embrujada) encantada que su abuelo le había descrito en muchas ocasiones. Era una especie de portal cuales detalles le asemejaban a la puerta mayor de la iglesia del pueblo de Conchagua. Tremendamente emocionado y con mucho temor, casi inadvertidamente y sin consultar con Don Pedro, que en ese momento estaba sentado sobre una  roca observando las olas, comenzó a caminar en dirección de aquella hermosa puerta, cuyo brillo se notaba claramente a pesar de la oscuridad que caía lentamente escondiendo al inmenso bosque rocoso. Al llegar aproximadamente a 5 metros del portal sintió una especie de temor mezclado con emoción, pero su curiosidad era tal que siguió caminando con determinación con la intención de entrar hasta el interior.

Al bajar unas gradas que conducían misteriosamente, como una especie de pequeño túnel, observó a lo largo un hermoso y reluciente palacio. En ese momento se le apareció una anciana humildemente vestida que le habló en un idioma desconocido. De pronto! Se cerró la puerta y él recordó lo que su abuelo le había mencionado, que si no sabía las palabras encantadas no podría entrar al palacio. Inmediatamente regresó corriendo en busca de su compañero y le contó lo sucedido. Este al oír la historia le confirmó que se trataba realmente de la famosa puerta encantada. Pero que le diera gracias a Dios por que no había regresado loco ni se había perdido. Don Pedro, conociendo las palabras misteriosas en la lengua nativa le acompañó y juntos regresaron nuevamente hasta la puerta para platicar con la anciana. Después de oír a don Pedro la abuela les invitó a conocer el palacio; pero les advirtió que no podían tocar ni llevarse nada de lo que brillaba, pues todo allí estaba encantado. Lo único que podían llevar, (si hallaban) era carbón. Con estas instrucciones podían entrar y contemplar la belleza de aquel enorme y monumental palacio. Según contaba don Juan quedaron impresionados por la hermosura de aquella construcción de paredes relucientes, cuyo techo estaba sostenido por cinco pilares de oro. Al entrar a su interior pudieron oír el rugir de diferentes anímales y el canto de muchos pájaros, repiques de campanas, sonido de tambores y pitos de carrizos. El empedrado del patio era de piedras de oro. Según las indicaciones de la mencionada anciana, para poder salir de aquel lugar encantado, debían caminar de espaldas hacia la puerta, de no ser así se convertirían en roca para ser parte del tesoro. Don Pedro al ver tantas piedras de oro se llenó de codicia y aprovechando la ausencia de la anciana, intentó robarse una, cuyo brillo le impresiono. Al agacharse para agarrar la piedra de oro se quedó convertido en roca, en presencia de don Juan. Este se llenó de miedo y empezó a temblar de pies a cabeza. El escalofrío se apoderó tanto de el, que caminaba instintivamente queriendo avanzar, pero no podía porque sentía los pies bien pesados. Subió de espalda, con mucho esfuerzo las gradas  que están cerca de la puerta, entre el papaloteo de muchos murciélagos y otros ruidos escalofriantes entre los cuales se podían distinguir claramente las carcajadas burlescas de la anciana convertida en bruja. Al subir la última grada advirtió que las olas del mar habían crecido repentinamente llegando hasta el nivel de la puerta a pocos centímetros del túnel.

Volcán de Conchagua, Foto Wikipedia

Eran ya como las 12 de la noche y la luna llena no se distinguía debido a la copa de los árboles. Don Juan intentó avanzar rápidamente para no ahogarse en aquellas fuertes olas, pero lo atemorizante de la escena vivida, y sobre todo el desprendimiento de su compañero, lo enloquecieron momentáneamente y no pudo encontrar el camino de regreso al pueblo. Mientras tanto en el pueblo de Conchagua, sus familiares preocupadas porque no habían regresado por la tarde del martes, tal como habían acordado, comunicaron a sus vecinos sobre lo sucedido. Estos se reunieron y al día siguiente a primeras horas caminaron rumbo al cerro para emprender su búsqueda, al atardecer solo pudieron encontrar a don Juan, acostado boca arriba y con los ojos volteados, debajo de unos árboles, muy cerca del mar. Estaba inconsciente y con una gran calentura. A don Pedro no lo pudieron hallar. Después de dos días de diferentes tratamientos con medicinas propias del pueblo, don Juan recuperó la memoria y les contó lo sucedido.  Desde entonces todos los Conchaguas tienen miedo de entrar a la puerta encantada” .

Conchagüenses que en algún tiempo han viajado al costado sur del volcán de Conchagua (Zona que se le conoce como el Camarón), dan fe que para llegar al lugar donde se encuentra la puerta del volcán es de ir en silencio, sin ninguna bulla.. en el camino se puede encontrar diversidad de animales en especial serpientes de diferentes tamaños, cuentan que si se hace bulla empieza a subir la marea hasta no dejarlos salir del lugar.

Referencias:

  • Monografía del Municipio de Conchagua.

Publicado por KeniaRovira

Soy Kenia Rovira Me considero una persona muy tranquila, Amo la Fotografia, me encanta hablar sobre historia y dar a conocer lo mejor de mi pueblo .Parte de la cultura de los Conchaguas se encuentra en las historias que se narran. Por cientos de años los abuelos de los abuelos han contado historias de nuestro pueblo y en esta oportunidad he creado este blog para dar a conocer la Riqueza de Historias, Culturas y Tradiciones que CONCHAGUA tiene. Espero que cada uno de ustedes viva conmigo todos estas historias y puedan compartirlas con sus familias y amigos. Dios los bendiga.

4 comentarios sobre “LEYENDA DE LA PUERTA ENCANTADA DE CONCHAGUA

  1. En los años 70 existía la televisión educativa. Algunas de las leyendas de Conchagua nos eran narradas por canal diez. Especialmente la leyenda de La Pilota. Para mi es un orgulloso que mi padre Carlos Ramirez haya escrito esas leyendas y conservar lo que con el tiempo se pierde. El escribió mucho a Conchagua. Aun recuerdo cuando de pequeño me las contaba. Gracias a todos por sus muestras de cariño hacia El.

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