El último amanecer de diciembre en Conchagua llegó suave, con un viento cálido que bajaba desde el volcán y colmaba de esperanza cada rincón del pueblo. Entre las casas de teja roja y el murmullo del viento, la memoria de un año vivido con fe y tradición se hacía visible. Recordé entonces las letras y las historias que durante el año habían sido compartidas en mi blog Conchagua, Lo Mejor de Mi Tierra. Historias que, como huellas en la tierra volcánica, marcaron el ritmo de nuestra vida comunitaria.
El año comenzó con la celebración alegre de los Reyes Magos, una tradición que llena de ilusión las calles y los corazones, recordándonos la magia de los regalos y la generosidad compartida entre niños y mayores en la Epifanía del Señor, a si mismo la celebración de San Sebastián Mártir que se vivió con gran fervor en nuestro pueblo. Cuando llegó la Semana Santa, el pueblo se vistió de solemnidad y devoción. Las procesiones del Jueves y Viernes Santo caminaron por las calles empedradas, el eco de las campanas contaba historias de fe, unión y devoción, y toda Conchagua detuvo su paso para rezar y acompañar el sonido sagrado que nunca deja de vibrar en nuestra historia.

Y así, mientras nuevas voces narraban la historia de Conchagua, el blog cumplió 5 años compartiendo historias, tradiciones, leyendas y celebraciones que nos conectan con la identidad de esta tierra de costumbres, tradiciones y fe, de hombres y mujeres que no olvidan su pasado, porque saben que en él está la fuerza para construir su futuro
Cuando diciembre volvió a pintar de oro las cumbres al amanecer, la noche del fin de año envuelve al pueblo en un silencio cálido. Antes de que las campanas marquen las doce, cada familia repasará en su corazón los recuerdos escritos: festivales, palabras al viento, historias de fe, versos de amor y tradiciones ancestrales. Como quien recorre un libro querido, los conchaguenses celebran tanto lo que han vivido como lo que está por venir.
Y así, con el repicar jubiloso de las campanas y los fuegos de artificiales que iluminarán el cielo oscuro, Conchagua recibirá el nuevo año con gratitud y esperanza, llevando consigo cada historia compartida, cada relato que, como el volcán imponente, sigue firme y latente en el alma de su gente.

