TRAVESURAS QUE NUNCA SE OLVIDAN

Me contaba don Carlos Ramírez Q.E.P.D. sentado en una silla en las afueras de su casa y con su tacita de café, algunas pasadas que como jóvenes tenían y otras que alguno de sus amigos le contaban. Haciendo hincapié que los padres y abuelos de sus tiempos eran personas respetuosas, responsables y serias, pero sobre todo no dejaban escapar que alguno de sus hijos o nietos anduvieran haciendo travesuras a los vecinos.

Me contaba don Argelio Q.E.P.D. que no se podía olvidar la travesura que de cipote hicieron junto a lino y otros tres. Decía vos sabés cómo éramos los cipotes, siempre queríamos de la fruta que tenía el vecino. En este tiempo don Mariano o como se le conoció don Mariano Cohetero vivía a la par de la casa de don Isaías (Don Chalio) Q.E.P.D. Ellos tenían dos palos de marañones que parecía uno, se miraban tan bonitos que cuando estaba cosechando tenía de dos colores: rojos y amarillos.- Nosotros teníamos la maña de cortar unos cuantos y los comíamos decía don Argelio, pero un día le tiramos una piedra a los que estaban altos porque estaban bien cholotones y nada que le pegábamos, no teníamos pulso. Yo me di por vencido y me fui para la casa, pero aquellos siguieron. De repente, cuando iba por el muro de don chente, antes era A.A., se oyó un gran estruendo y empezó a salir llamaradas de fuego de la casa de don Mariano y lo que pasó fue que los que se quedaron tiraron una piedra que fue a caer a la casa exactamente donde tenía una botella con pólvora… bueno… yo me fui a la casa como si tal no había estado traveseando con ellos.

El día siguiente, como todos los días, mi abuelo me mando a traer agua a la pila del parque (En esos tiempos solo existía la pila) y yo tenía que pasar por en frente de la casa de don Mariano, pero no me dijeron nada, lo bonito fue que al llegar a la casa me dijo mi abuela Diega: Come hijo; mi abuelo me miraba de reojo, pero yo no me imaginaba lo que me esperaba al terminar de comer, me dijo mi abuelo: mire hijo, venga, quiero hablar usted; yo muy obediente me acerque, pero vi un laso que estaban mojando en un guacal con agua. “A sí que usted no se llena con la comida que le damos”. Yo le dije: como no, abuelo; bueno, entonces porque anda apedreando las frutas del vecino; diciendo eso me soltó como seis riendazos bien puestos. Nombre, si hasta los cuartones de la casa se quemaron, todos le pagamos veinticinco colones cada uno, pero vos sabes que veinticinco pesos de antes era pisto. Como recuerdo eso y recuerdo a mis abuelos eran con carácter fuerte, pero sin ellos no fuera la persona que soy hoy…

Los abuelos y padres de esos tiempos dejaron marcadas sus huellas en hijos y nietos y ahora podemos ver profesionales por el rigor que nos ponían cuando éramos pequeños.

Referencias:

  • Anécdotas por Sr. Carlos Ramírez Q.E.P.D.

Publicado por KeniaRovira

Soy Kenia Rovira Me considero una persona muy tranquila, Amo la Fotografia, me encanta hablar sobre historia y dar a conocer lo mejor de mi pueblo .Parte de la cultura de los Conchaguas se encuentra en las historias que se narran. Por cientos de años los abuelos de los abuelos han contado historias de nuestro pueblo y en esta oportunidad he creado este blog para dar a conocer la Riqueza de Historias, Culturas y Tradiciones que CONCHAGUA tiene. Espero que cada uno de ustedes viva conmigo todos estas historias y puedan compartirlas con sus familias y amigos. Dios los bendiga.

Deja un comentario