
POR: PBRO. RENE EZEQUIEL BARRERA TURCIOS
Con mucha alegría, estamos iniciando la Semana Santa de este año 2022. Hemos tenido años difíciles por la Pandemia, tiempos que nunca olvidaremos y las personas que partieron a la casa del Padre, siempre estarán vivos en nuestros corazones. Este año volveremos a celebrar como costumbre la Semana Santa, con sus celebraciones litúrgicas y con las celebraciones culturales, pintorescas, que son de miles de años de tradición.

Conchagua, un pueblo de muchas tradiciones y costumbres, un pueblo vivo y lleno de esperanza, al que tengo la dicha de ser originario, no se queda atrás en las celebraciones de estas fechas. Puedo decir, que una de las cosas que extrañé cuando inicie el seminario en el año 2003 fue la celebración de la Semana Santa; sin embargo, como sacerdote tuve la dicha de caminar por las calles de Conchagua, junto con Cristo y el pueblo en las procesiones de dichas fiestas.
Pero el día más esperado, después de la Vigilia Pascual, en el cual renovamos las promesas bautismales y además de las corridas de San Juan en la hora matutina del Domingo de Resurrección. Es el Jueves Santos ese día litúrgicamente sabemos que en la mañana los sacerdotes renovamos nuestras promesas sacerdotales junto a nuestros obispos y en la tarde la Celebración de la Cena del Señor. Pero Conchagua, es un pueblo que está activo desde muy temprano adornando los lugares importantes de dichas celebraciones, el templo, el monumento para la Adoración Nocturna y el Calvario, el lugar donde el pueblo acompañará al Señor en su sufrimiento de la oración del Huerto y las horas que paso encadenado en el pretorio y no olvidar la procesión del Silencio que por muchos siglos ha sido la procesión de los hombres, acompañado del redoblante y la trompeta y de la “Matraca”. (Al escribir estas letras, siento como que lo estoy escuchando, veo a Jesús con los ojos vendados y siento el recogimiento austero que emana del corazón, me imagino que como todo Conchaguense).

El Jueves Santo, como he dicho, el pueblo se divide muchos en el Calvario tratando de construir el lugar donde será la velación del Señor, a pesar de ser un trabajo arduo, los Conchagüenses tenemos el carisma de sonreír, contar chistes mientras se soporta la luz del sol, que por estas fechas son muy fuertes. Es agradable también ver a las hermanas, preparando comida para los trabajadores y preparando los “tamales para el rezo en la noche”.

En el templo, “La sociedad de Jesús Nazareno” trata de adornar el templo para la celebración litúrgica y el monumento donde será la Adoración de la noche. Es curioso que a las 12:00 del mediodía se tocan las campanas y empieza el pueblo a “respetar los días fuertes”, un silencio acompaña a la comunidad. Recuerdo que cuando era niño, la realidad era más fuerte, mi abuelita siempre me decía: “No corras, el cuerpo del Señor está tendido”, incluso en la misma casa hablamos calladitos para no faltar al “respeto al Señor”.
Después de la celebración, todos hacen la procesión con Jesús Sacramentado para trasladarlo al monumento y comienza la Adoración. En mis tiempos de catequista nos distribuimos en grupos de pequeñas comunidades y ministerios era necesario estar ante Jesús Sacramentado aunque sea una hora. Luego a las 11:00 p.m. Comienza la procesión del Silencio solo para hombres. Mientras las hermanas se quedaban en oración en el monumento, los hombres íbamos a la procesión acompañando a Jesús en su dolor. Luego de la procesión que termina como a las 2:00 de la madrugada y culminando la Adoración ante el Monumento, el pueblo de Conchagua comienza a preparar “las alfombras” y los “altares” de las estaciones del Vía Crucis. “El pueblo sigue despierto”, el ambiente en las calles como si fuera de día muchas personas rezando en El Calvario y otras personas trabajando en las alfombras, puedo decir, que es una fiesta. No sé exactamente la fecha exacta que comenzó la tradición de las alfombras; no obstante, tengo conciencia que desde muy pequeños quizás desde los 7 años ya andaba por las calles viendo cómo quedaban las alfombras en todas las calles. Incluso la alfombra que más sobresalía era la de “Los Catequistas San Juan Bosco”, ministerio al que pertenecía con mucha alegría.
Las alfombras, son realizadas de “sal pintada”, muchas veces con “Aserrín de Madera” piedras, gallardetes, pero muy “Coloridas”. Es un trabajo arduo, me recuerdo que los catequistas siempre hacía alfombra, algo alusivo a la vivencia eclesial del año, ejemplo: “Año del Jubileo en el 2000, “Año Santo Misionero 2002”, “Año Eucarístico 2004”, “Año del Santo Rosario en el 2003”, etc. Todos con muchos esmeros, mezclaban el colorante con la sal y otros materiales y lo mejor “La convivencia”, los cuentos, las hazañas que los niños con mucho gusto escuchábamos de los mayores. Por eso digo, “el Jueves Santo es el día en que Conchagua permanece en vela”, pero no triste, alegre. Puedo decir que las alfombras significan gratitud, a Dios, a la tierra y a la caridad. Significan que a pesar de que Jesús murió por nuestra salvación, él va a resucitar y el colorido de las alfombras nos hacen vivir el ambiente de fiesta. Para muchos, es sacrificio, ofreciendo una promesa por favores recibidos. El pueblo, esa noche, mira hacia un mismo fin, agradecer a Dios por todas las maravillas recibidas, tiene un mismo sentir y un mismo cansancio que será solo por unas horas, mientras pase el “Vía Crucis” y el Santo entierro. Puedo decir que esa noche el pueblo permanece en vela, esperando el paso del Señor y la gratitud más grande es ver como Jesús camina sobre sus obras de artes.

Al siguiente día el pueblo de Conchagua a pesar del cansancio camina junto a la Cruz del Señor en el Santo Vía Crucis por la tarde Adoran la Cruz del Señor y en la noche acompañan a Jesús en la procesión del Santo entierro. Quizás nosotros no somos de una generación muy longeva, pero pedimos de corazón a las generaciones que están detrás de nosotros que no olviden sus costumbres y tradiciones para que cada año sean mejores.
